jueves, 21/05/2026   
   Beirut 19:03

Medios israelíes: Nuestro ejército está atascado en el atolladero libanés y nuestros soldados se esconden durante el día

Informes de la prensa israelí revelaron un profundo estado de frustración e ira entre las filas y los líderes del ejército israelí y los colonos del norte, como consecuencia del estancamiento militar y político en el Líbano.

El periódico israelí Haaretz confirmó que el ejército se encuentra inmovilizado en un frente secundario, incapaz de avanzar o imponer una nueva realidad de seguridad, mientras Hezbolá continúa marcando el ritmo de la batalla.

“El horror de los drones” y la falta de disciplina

El periódico citó fuentes militares que afirmaron que los “drones explosivos” operados por Hezbolá con fibra óptica se han convertido en la principal causa de bajas en las filas del “ejército” israelí, que es incapaz de encontrar soluciones tecnológicas o electrónicas para derribarlos.

Las investigaciones indicaron que la falta de disciplina operativa y el incumplimiento de las instrucciones de protección provocaron heridos graves, incluyendo el comandante de la brigada blindada regular (401), el coronel Meir Biderman.

Asimismo, el mayor Itamar Speer, paracaidista de la reserva, murió en un enfrentamiento con un miembro de Hezbolá en el sur del Líbano. Durante su servicio activo, Speer fue oficial de la unidad de élite Maglan. El periódico señaló que “un reducido grupo de soldados sigue soportando el peso de la guerra y pagando el precio más alto”.

“Hezbolá dicta el ritmo de las operaciones y las condiciones de la batalla”

Según detalles de un incidente revelado por Haaretz, el capitán Maoz Yisrael Rkanati, comandante de pelotón de la Brigada Golani, murió en un ataque con dron de Hezbolá mientras brindaba seguridad al comandante de la 36.ª División, el general de brigada Yiftah Norkin, cerca del río Litani.

El periódico confirmó que esta patrulla se realizó durante el día, desafiando los riesgos que representa Hezbolá, a pesar de que el “ejército” ha comenzado a restringir sus movimientos en esa zona a las horas de la noche por temor a los drones.

Al comentar sobre el incidente, el coronel de la reserva Hanoch Dawba afirmó que «lo sucedido es más que un simple error en el tiempo de una visita de campo», enfatizando que «el ejército» no tiene control operativo real sobre la zona.

Dawba declaró: «Hay presencia y destrucción de infraestructura, pero el enemigo, del que se nos dijo que había sufrido un golpe devastador, sigue dictando el ritmo de las operaciones y las condiciones de la batalla».

«Desmantelar a Hezbolá es un objetivo imposible»

Ante la falta de una visión política, los comandantes de campo declararon a Haaretz que su misión principal se había convertido en «traer a los soldados a casa sanos y salvos», en medio de la continua amenaza del frente libanés.

El mayor general de la reserva Tamir Hayman describió el objetivo de «desmantelar a Hezbolá» como un objetivo imposible, subrayando que «el ejército es incapaz de ocupar el Líbano o imponer el desarme del partido, especialmente dada la grave crisis de personal».

El periódico señaló que el jefe del Estado Mayor del ejército israelí está izando diez banderas rojas como advertencia sobre la escasez de efectivos en sus fuerzas armadas.

El regreso del «cinturón de barro» y la parálisis del liderazgo

En una nueva declaración que refleja la difícil situación del ejército de ocupación en el sur del Líbano, el coronel de la reserva Hanoch Dauba reconoció que las fuerzas están sufriendo un desgaste constante y confusión bajo el peso de los ataques de Hezbolá, describiendo la realidad sobre el terreno como una «reproducción» del período anterior al año 2000, cuando las fuerzas se convirtieron en «patos en un campo de tiro».

Dauba añadió, en un tono mordazmente crítico: «Esta realidad recuerda al cinturón de seguridad de los años noventa, y no es una imagen de victoria, sino más bien una evidencia de erosión, estancamiento y una profunda brecha entre las declaraciones del liderazgo y la realidad operativa».

Asimismo, reveló la existencia de un «clima tóxico» dentro del «ejército» de ocupación, donde el escepticismo profesional de los oficiales se interpreta como «debilidad» y la cautela operativa se clasifica como «falta de espíritu ofensivo».

Subrayó que la ausencia de objetivos políticos y militares claros ha convertido a los combatientes en el terreno en mero combustible para una guerra estancada, ante la falta de un debate profesional real sobre la viabilidad de estas operaciones. Esta crítica es prácticamente inaudita en los medios israelíes, que aún rodean al «ejército» con un halo de inviolabilidad a pesar de sus fracasos.

Fuente: Medios israelíes