Tras cuarenta días de guerra impuesta ilegalmente a la República Islámica de Irán y una serie continuada de fracasos, Trump ha aceptado lo inevitable. Ha dado marcha atrás y ha decidido poner fin a su agresión. Irán, por su parte, ha declarado una “victoria histórica”.
La guerra de agresión contra Irán se lanzó el 28 de febrero, en medio de las conversaciones nucleares indirectas entre Teherán y Washington. No cabe duda de que Trump fue presa de un engaño por parte del primer ministro israelí, Benyamín Netanyahu, que le hizo creer que una agresión repentina provocaría un cambio en el sistema político iraní, algo que, sin embargo, no se produjo. Por el contrario, la agresión reforzó las filas del pueblo iraní que salió a las calles para reafirmar su apoyo a la Revolución y la República Islámica y, en espècial, al nuevo Líder Muytaba Jamenei.
Tras los devastadores ataques de represalia iraníes que aniquilaron casi todas las instalaciones militares estadounidenses en la región, el presidente Trump hizo una declaración forzada hace dos semanas. Afirmó que el «cambio de régimen» ya se había producido en Irán, refiriéndose a la elección del ayatolá Seyyed Muytaba Jamenei como nuevo líder del país. Fue ridiculizado por semejante afirmación descabellada.
Lejos de indicar un colapso, la elección del Sr, Muytaba Jamenei demostró una fortaleza institucional que los dirigentes estadounidenses no comprenden. La República Islámica se sustenta en estructuras constitucionales que no están ligadas a un solo individuo. Su doctrina estratégica permanece inquebrantable, como se ha demostrado una vez más durante esta guerra.
El pueblo iraní comprendió también que en última instancia el objetivo era romper Irán. EEUU e “Israel” intentaron, de hecho, utilizar la carta del separatismo kurdo, como hicieron antes en Iraq y Siria, pero los kurdos iraníes mostraron su fidelidad al país. Los grupos terroristas separatistas fueron fácilmente neutralizados por ataques con misiles y drones en el territorio del Kurdistán iraquí, donde algunos se refugiaron.
El desastre aéreo en Isfahan, donde EEUU perdió cuatro aviones -un F-15, un A-10 y dos aviones de avituallamiento C-130 además de helicópteros y drones- llevaron a que se incrementaran las presiones en los círculos de poder en Washington para poner fin a la guerra.
Y ahora, EEUU, a pesar de haber desplegado una fuerza abrumadora, se ha visto obligado como base de negociación a aceptar una propuesta iraní de diez puntos que incluye un alto el fuego permanente, el levantamiento de todas las sanciones primarias y secundarias, y la retirada de las fuerzas de combate estadounidenses de la región.
Trump ha estado obsesionado con el estrecho de Ormuz, prometiendo abrirlo. La Guardia Revolucionaria iraní había cerrado de facto la vía marítima a los buques estadounidenses y aliados tras el inicio de la guerra no provocada. Cualquier intento de cruzar el estrecho sin el consentimiento de Irán era una receta para el desastre.
Trump lanzó varias advertencias: reabrir el estrecho o enfrentarse a ataques contra las centrales eléctricas iraníes. Los plazos cambiaron de 48 horas a cinco días, luego a diez días y finalmente a 48 horas, antes de que finalmente cediera y aceptara la propuesta iraní de 10 puntos. Varios políticos estadounidenses y gobiernos europeos le advirtieron no solo de que tales ataques constituirían un crimen de guerra, sino que la respuesta iraní supondría la destrucción de infraestructuras energéticas en toda la región, incluyendo pozos de petróleo y gas y puertos, creando así una catástrofe energética a nivel global y disparando los precios del petróleo a más de 200 dólares. La Guardia Revolucionaria iraní advirtió: “Haremos lo que sea necesario para privar a EEUU y a sus socios del petróleo y el gas de la región durante los próximos años”.
Incluso políticos y analistas estadounidenses condenaron la guerra como innecesaria e injustificada, y muchos incluso sugirieron aplicar la 25ª Enmienda para destituir al megalómano presidente. Al mismo tiempo, el índice de aprobación de Trump se desplomó al 36%, el más bajo desde su regreso al cargo, con un 59% de desaprobación, el más alto de su carrera política.
Graves daños económicos y militares
Más allá del fracaso estratégico, EEUU sufrió graves daños militares y económicos a causa de los ataques de represalia de la Operación Promesa Verdadera 4 de Irán: 99 ataques en 40 días. La guerra se había convertido en una trampa costosa para la administración Trump y fue ampliamente considerada dentro de EEUU como un error estratégico sin ganancias, solo pérdidas, que se elevaron a decenas de miles de millones de dólares, sin contar los incrementos de los precios de energía y otras materias primas en EEUU.
Por otro lado, debido al cierre del estrecho de Ormuz para los buques estadounidenses y aliados, los precios del petróleo alcanzaron máximos de tres años, lo que tuvo repercusiones a nivel mundial. Los precios de la gasolina en EEUU superaron los 4 dólares por galón, y el diésel alcanzó los 6 dólares en muchos estados. Las interrupciones en el suministro también afectaron al gas, los fertilizantes y otras materias primas.
Las 99 oleadas de ataques con misiles y drones iraníes arrasaron bases estadounidenses en toda la región, obligando a las fuerzas estadounidenses a abandonar sus posiciones fortificadas y refugiarse en hoteles y oficinas. Los estadounidenses han minimizado el número de bajas, especialmente el de muertos, pero estimaciones independientes cifran los muertos y heridos en varios cientos.
La Quinta Flota en Bahrein, bastión de la presencia militar estadounidense en la región, sufrió los daños más graves. Los ataques iraníes atacaron repetidamente su cuartel general en Manama, demostrando un nuevo modelo de guerra asimétrica e infligiendo daños irreparables a la infraestructura, los depósitos de municiones y los edificios de mando.
El poder aéreo estadounidense quedó completamente diezmado en la región. El 27 de marzo, la Guardia Revolucionaria Islámica destruyó un avión E-3 Sentry AWACS valorado en 700 millones de dólares en la base aérea Príncipe Sultán, en Arabia Saudí, junto con varios aviones de guerra electrónica y aeronaves de reabastecimiento en vuelo. Días antes, Irán y las fuerzas de la resistencia iraquí destruyeron o dañaron gravemente seis aviones cisterna KC-135 Stratotanker, pilares fundamentales del reabastecimiento aéreo.
Días después, Irán logró derribar con éxito un caza furtivo F-35 Lightning II por primera vez en la historia. Este activo multimillonario del ejército estadounidense fue atacado en el centro de Irán.
También fueron derribados o dañados varios F-15, F-16 y F-18, más de una docena de drones MQ-9 Reaper y más de 170 drones. Cuatro radares AN/TPY-2 THAAD y una instalación de alerta temprana de Qatar, valorada en mil millones de dólares, también fueron alcanzados.
Hay que señalar, sin embargo, que la guerra ha causado víctimas inocentes entre el pueblo iraní, incluyendo las más de 170 niñas asesinadas al principio del conflicto en la escuela de Minab, un crimen de guerra que manchará para siempre la imagen de EEUU. Hay que señalar, además, que el primer ministro israelí Benyamín Netanyahu puede intentar maniobras como prolongar la guerra en el Líbano con el fin de hacer descarrilar este alto el fuego.
Tras cuarenta días de una guerra que jamás debió haber ocurrido, los agresores no han logrado, pues, ninguno de sus objetivos declarados. Trump buscaba desesperadamente una salida del atolladero que él mismo había contribuido a crear, y el mundo fue testigo de algo sin precedentes: la derrota de una superpotencia a manos de una nación que se niega a ceder. La era del poder estadounidense sin control en Asia Occidental ha terminado. Irán se ha convertido en una superpotencia regional y el mundo debe aceptar este hecho innegable.
Fuente: Sitio de Al Manar en español
