Ante los disturbios ocurridos en Irán en los últimos días, el gobierno restringió el acceso a internet, una medida percibida como una extensión de las medidas de seguridad ya empleadas por muchos países. Esta decisión, destinada a controlar la situación y prevenir el caos y el sabotaje, inicialmente pareció una medida interna rutinaria destinada a frenar la propagación de los acontecimientos y evitar cualquier coordinación de los alborotadores en las calles.
Sin embargo, la situación evolucionó rápidamente. Un nuevo elemento entró en escena, alterando radicalmente la naturaleza de la confrontación: la red Starlink, propiedad del empresario estadounidense Elon Musk, quien había anunciado días antes su disposición a ofrecer una solución temporal y específica. Este hecho reavivó el debate sobre el papel de las grandes empresas tecnológicas, en particular aquellas propiedad de figuras con fuertes posturas políticas como Musk, en la influencia directa en los acontecimientos internos.
¿Por qué se ha convertido Starlink en una herramienta de intervención política y de seguridad?
Starlink forma parte de una vasta red de comunicaciones estadounidense, vinculada, según Reuters, a contratos directos con instituciones militares y de seguridad occidentales a través de su empresa matriz, SpaceX. En consecuencia, el uso de esta red en Irán, sin autorización legal ni marco regulatorio, la transformó automáticamente de un «servicio de comunicación» en una herramienta de injerencia política y de seguridad.
El objetivo de su activación en ese momento no era garantizar el «derecho a la comunicación» en el sentido más amplio, sino proporcionar un canal de comunicación temporal que permitiera la coordinación sobre el terreno entre los involucrados en los disturbios, la transmisión de imágenes e información en tiempo real y el establecimiento de líneas de comunicación directas con plataformas y entidades externas.
En esta etapa, el corte local de internet ya no era suficiente desde la perspectiva del Estado, ya que la confrontación se había trasladado de las redes terrestres al ámbito digital, y más específicamente a las comunicaciones satelitales fuera del control nacional. Esto llevó a Irán a decidir intensificar sus medidas y atacar directamente a Starlink, una iniciativa que sentó un precedente significativo en la gestión de crisis internas.
¿Cómo contrarrestó Irán la red?
En este contexto, informes técnicos occidentales, en particular los de France 24, reconocieron que Teherán había logrado, por primera vez, interrumpir la conectividad de Starlink dentro de su territorio, empleando técnicas avanzadas de interferencia.
Un artículo en The Times of Israel indicó que «las autoridades iraníes parecen estar yendo más allá de la simple interferencia GPS para interrumpir la conectividad de Starlink durante el apagón nacional de internet». La fase inicial de este enfrentamiento consistió en la interferencia de las señales GPS, esenciales para que las estaciones terrestres de Starlink alineen sus antenas y se comuniquen con los satélites. Interrumpir esta señal fue suficiente para desorientar las estaciones terrestres e impedir que se sincronizaran con la red satelital.
Sin embargo, indicios posteriores sugirieron que Irán no se detuvo allí. En lugar de recurrir simplemente a interferencias generalizadas, se detectaron indicios del uso de técnicas más sofisticadas dirigidas a los propios enlaces de comunicación (las frecuencias en las que opera Starlink).
¿Existe asistencia rusa?
En este contexto, se ha planteado la cuestión de la experiencia rusa. Desde 2022, Rusia ha estado involucrada en una confrontación directa con Starlink en Ucrania, ya que esta red se ha convertido en parte integral del sistema de mando y control del ejército ucraniano. Según informes de la Fundación Mundo Seguro, Moscú ha desarrollado sistemas de guerra electrónica capaces de interrumpir las comunicaciones GPS y satelitales, e incluso atacar directamente las redes Starlink.
Por lo tanto, señalar la «huella rusa» en los acontecimientos en Irán no implica necesariamente una transferencia directa de tecnología, sino más bien un intercambio natural de experiencias entre dos países que enfrentan el mismo desafío: el uso de la infraestructura de comunicaciones civil y comercial como herramienta de presión política y de seguridad. La experiencia empleada en la guerra abierta permite neutralizar una herramienta considerada una forma indirecta de interferencia extranjera.
En Ucrania, Rusia contraatacó la red empleando técnicas de interferencia y suplantación de GNSS, interrumpiendo y falsificando las señales GPS. Esto alteró las antenas de Starlink, impidiéndoles sincronizarse con los satélites e interrumpiendo el servicio en algunas zonas.
Posteriormente, Moscú perfeccionó esta táctica con sistemas más especializados, en particular el sistema de guerra electrónica TOBOL. Inicialmente diseñado para proteger los satélites rusos, este sistema se utilizó posteriormente para interrumpir el entorno de navegación del que dependen las terminales terrestres de Starlink, sin atacar directamente los datos.
En 2024, se presentó un nuevo sistema, la plataforma de guerra electrónica Kalinka. Descrito por los medios occidentales como un «asesino de Starlink», supuestamente es capaz de interferir directamente las comunicaciones entre la Tierra y los satélites atacando las frecuencias en las que opera la red.
Desde la perspectiva del Estado iraní, permitir que una red de comunicaciones extranjera no autorizada opere libremente durante un período de inestabilidad interna equivale a renunciar a uno de los pilares de su soberanía. Por lo tanto, el cierre de Starlink fue una medida preventiva destinada a evitar que un evento interno se convirtiera en terreno fértil para la interferencia externa vía satélite.
Lo ocurrido en Irán no es simplemente un «cierre de internet». Más bien, fue una rápida transición de una medida de seguridad interna a una lucha por la soberanía digital. En un mundo donde la política y la tecnología están inextricablemente ligadas, el conflicto ya no se limita al control territorial, sino que se extiende también al control de las comunicaciones.
Por lo tanto, la actuación de la República Islámica en el manejo de Starlink representa una hazaña excepcional tanto en términos de seguridad como de tecnología, especialmente considerando la resiliencia percibida de la red.
Fuente: Diversas
